De la soledad detrás del pincel.

 Hace algún tiempo que no pinto.


Solía pensar que por mis venas corrían ríos de pintura y aguarrás, creo que fue en algún parque, de aquellos pequeños y escondidos a los que va la gente por los domingos y donde crecen colillas de cigarro en las banquetas, donde divagando, soñé con mi muerte. Algo poético, digna despedida de un artista; de un idiota.
En un arranque creativo y al filo del pincel, bañaría de cálidos tonos del mas barato carmín y un verde vejiga el lienzo en blanco de mis sabanas, una pervertida y estoica fiesta, goteando matices una lagrima a la vez, en un estallido de soledad, un mal chiste escondido en un dulce a veinticinco centavos de dólar, y 19 años reducidos a un cuadro de Jackson Pollock en la soledad de un cuarto.

Firmado por lagrimas de aguarrás.



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